Se esconden nuestras miradas
Se cruzan los pensamientos
Se escapan las intenciones
A la plaza de los lamentos
Tus historias las recorro
Mientras sujetas mi ardiente mano
Que no ve la maldita hora
De transitar tu cuerpo dorado
Perdición de mi tranquilidad
Son tus finas piernas de amatista
Retaceando sonrisa sincera
A pretendientes de paja y arena
Nuestra odisea por laberinto oculto
Comienza con este duro enrroque
Prefiero tormentoso naufragio
A navegar por el correcto norte
A estancarnos en risueña cadencia
A morir en la cobarde indiferencia
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